miércoles, 2 de septiembre de 2015

La educación es cosa de los padres

Porque los niños y niñas de hoy son los hombres y mujeres del mañana.

Quiero compartir con vosotros una experiencia que me sucedió en un centro comercial:

Me encontraba con mi pequeño en una zona de juegos no muy grande. El niño jugaba tranquilo, feliz. Respetaba el turno de los otros niños y esperaba paciente. Si en algún momento veía que se sobrepasaba con la emoción de jugar, yo, como su madre y responsable de su educación, tomaba las medidas oportunas para que eso no sucediera, y el niño acataba mis instrucciones.
Pero, ¿que es lo que sucedió para que esa paz y tranquilidad se truncase? Pues que apareció una niña mas mayor que mi hijo acompañada de su padre. Esa niña parecía algo mayor para el tipo de actividad e instalaciones de las cuales estaba haciendo uso, pero eso no fue realmente lo que me preocupaba. Me preocupaba que esa niña no contenta con jugar con su salud e integridad física intentaba manipular a mi pequeño para que actuase de la misma forma que ella. Para que todos podáis entender mi preocupación la niña no usaba el tobogán de la forma tradicional, si no que lo hacía con las piernas colgando por fuera de la atracción. Teniendo en cuenta que el tobogán en cuestión es de una especie de plástico rígido, que hacia calor y los niños sudaban, pues lo mas probable es que acabaran en el suelo con un gran golpe en la cabeza y un gran disgusto.
Cuando vi que la niña incitaba a mi hijo a que actuase como ella, corregí a mi pequeño para que no volviera a repetirlo. Esto pasó hasta 4 veces.
Yo miraba atónita al otro padre que pasaba de su hija como de comer flores. Miraba al móvil sentado en un banco y estaba distraído con otras cosas. Me escuchaba reprender a mi hijo para que se deslizase con seguridad por el tobogán y me miraba de reojo sin hacer nada por corregir a su hija. Hasta que por puro impulso tomé la iniciativa de pedirle a la niña que por favor no siguiera provocando a mi hijo para que la imitase en sus movimientos y que no actuase así delante del niño.
En ese momento, la niña que es muy lista, decidió esconderse y de repente, el padre despertó de su letargo y fue a hablar con ella y arremetió contra mi persona. "Tu no eres quién para hablarle a la niña" y tendría razón, porque el que tenia que hablar con la niña era él. Yo lo único que le pedí es que delante de mi hijo no hiciera esas cosas ni mucho menos le impulsara a hacerlas el también. Podría haber entrado en una polémica con ese "señor" pero no es el ejemplo que quiero mostrar, así que me disculpé de una manera muy forzada y me tuve que morder la lengua tras escuchar estas palabras dichas en voz alta para que me enterase bien "tu baja por el tobogán como te de la gana y haz lo que te de la gana ¿vale?". La niña sonriente y feliz por haberse salido con la suya siguió a su rollo y a mi no me quedó mas remedio que sacar a mi pequeño de allí, dándole un gran disgusto por no poder seguir jugando tranquilo y feliz.

Puede que yo sea demasiado estricta con la educación que pretendo darle a mi hijo. Pero si el futuro esta en la educación que dan los padres como ese, ¡Que Dios nos coja confesados! Porque como digo al principio de esta entrada...
Los niños y niñas de hoy son los hombres y mujeres del mañana.Nos preocupamos en mandarles a los mejores colegios, en que reciban todos los estudios que están en nuestra mano. Procuramos que sean auto-suficientes, que estén preparados para el futuro. Que hagan deporte, que lean libros, que estudien y que sepan hablar mas de dos idiomas. Pero lo que no se nos puede olvidar jamas es que ante todo. Somos responsables de que sean PERSONAS.
La educación y el saber estar no figura en los libros de texto. Eso solo se aprende en casa. Eso sólo lo enseñamos los padres.

Y dicho todo esto, solo me queda mandaros un fuerte abrazo y despedirme hasta la próxima entrada.
Besos y abrazos